Menos es más: a mayor ahorro de energía, mejor calidad de vida

¡Hola, estimado lector! Bienvenido al blog de Foss. Hoy queremos dedicar esta entrada a hablar de los beneficios del ahorro de energía que van más allá de lo económico. Y es que es claro, y hasta obvio, el mecanismo por medio del cual se ahorra dinero al consumir menos energía eléctrica: evidentemente la factura mensual o bimestral que se recibe, se ve reducida proporcionalmente cuando el medidor instalado por la Comisión Federal de Electricidad indica que hemos hecho un menor consumo de energía. Sin embargo, el procedimiento por el cual el ahorro de energía no sólo genera beneficios económicos sino también en el medio ambiente quizás no es tan transparente. De ahí que en esta entrada de blog hayamos decidido darnos a la tarea de explicarlo.

Por supuesto que existe una relación, que también es directamente proporcional, entre la energía eléctrica que usamos y la preservación del ambiente. Cuando contribuimos al ahorro de energía, también ayudamos a que las plantas productoras de electricidad reduzcan las emisiones que normalmente hacen y que tienen un impacto en la capa de ozono y en el incremento del calentamiento global. Y la cadena de beneficios no concluye ahí, ya que lo anterior incide tanto en la conservación de recursos naturales, como los combustibles fósiles y sobre todo en la salvaguarda de los distintos ecosistemas. En resumidas cuentas, las medidas que tomemos hoy nos ayudarán a vivir a nosotros, y a las nuevas generaciones, en un mundo más saludable el día de mañana. Pero ahondemos un poco en cada uno de estos beneficios.

Primero lo primero: la prevención del calentamiento global.

Se trata quizás del impacto más positivo del ahorro de energía. Y es que como ya mencionábamos, éste influye en la disminución de las emisiones de las plantas productoras que tienen que quemar combustibles fósiles e incluso crudo (petróleo). Se habla mucho de la emisión del gas dióxido de carbono en la mayoría de artículos que tratan el tema, pero poco se menciona que el aire también se contamina con dióxido sulfúrico y algunos óxidos nitrosos al momento de generar energía con los métodos comunes, que son los que emplea la mayor parte de las plantas desde hace décadas, aunque hay que reconocer que la apuesta por energías limpias va en crecimiento. Pero sabiendo que gran parte de la energía que consumimos todavía se produce de manera “tradicional”, nos toca a nosotros ahorrar tanto como podamos en nuestro consumo diario.

Ahora bien, el proceso más dañino ocurre así: el dióxido de carbono que se libera en el el aire tiene la capacidad de absorber el calor del sol, y esto ocasiona que mantenga la atmósfera llena de calor. Seguramente has escuchado hablar del fenómeno conocido como “efecto invernadero”, un proceso que resulta natural y hasta necesario para la conservación de un planeta con las características de la Tierra. Sin embargo, como consecuencia de las emisiones excesivas del dióxido de carbono, el calor que se introduce en la atmósfera es también excesivo y, por lo tanto, ocasiona el calentamiento global.

Y atención aquí, el calor se vuelve sumamente perjudicial no solamente por sí mismo, sino porque, entre otros efectos ocasiona el aumento en el nivel de mares y océanos y, en general, cambios en los climas que deberían imperar en cada estación del año, y que traen consigo fenómenos naturales de mayor intensidad que pueden generar severos desastres naturales y pérdidas naturales y humanas. Y por si esto no fuera poco, aumenta la presencia de smog y de un fenómeno que seguramente también conoces: la lluvia ácida, sumamente tóxica y perjudicial para los seres vivos. Suficiente para empezar a crear consciencia, ¿o no?  Y tampoco hay que olvidar que el ahorro de energía ayuda a que las plantas que la generan quemen menos fósiles cada día, cada mes cada año… Y si todos nos sumamos al esfuerzo, la situación que vive el planeta podrá detenerse, primero, y quizás hasta comenzar a revertirse en el futuro.

Conservación de recursos naturales.

Desde pequeños aprendemos en la escuela que existen recursos naturales que duran para siempre y otros que tarde o temprano se agotarán. En el segundo grupo entran precisamente los combustibles fósiles que firman parte del proceso de combustión, valga la redundancia, necesario para la producción de energía eléctrica. Si ahorramos energía, también estaremos ayudando a que estos recursos puedan seguir sirviendo para el uso del ser humano durante muchos milenios más, esperando que se empleen de forma mesurada y siempre con fines benéficos para todos los seres vivos del planeta.

El planeta no le pertenece exclusivamente a los seres humanos.

Por siglos ha existido una visión antropocéntrica del mundo; esto quiere decir que el ser humano se considera a sí mismo como amo y señor del mundo, olvidando que existen otras formas de vida, como los animales y las plantas, por mencionar los ejemplos más evidentes. Ya decíamos que el cambio climático impacta de diversas maneras, y una de ellas es la intensificación de fenómenos naturales que pueden llevar a la destrucción de ecosistemas, y al arrasar con el hábitat de ciertas especies, éstas sólo pueden verse destinadas a la extinción.

Cuando de energía hablamos, menos es más, ya que el ahorro de energía se traduce en mejor calidad de vida para todos. Esperamos que esta entrada te haya resultado esclarecedora en torno a los beneficios de un consumo razonable de energía y te recordamos que Foss es tu aliado en tus esfuerzos por ahorrar. ¡Te esperamos en la próxima entrada!

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