Lámparas fluorescentes. Historia, ventajas y cuidados

Poco a poco, con el paso del tiempo, las lámparas fluorescentes se han convertido en una opción que más y más personas utilizan a fin de cubrir no solo la necesidad de iluminación, sino además haciéndolo de un modo económico que redunde en ahorro monetario para las empresas, escuelas, gobiernos, oficinas, etc.

¿Cómo fue que surgieron las lámparas fluorescentes y ganaron terreno en el mundo? Aquí un poco de historia:

El fenómeno de la fluorescencia se conocía incluso mucho antes de existir las bombillas incandescentes.

En 1675 Jean Picard y posteriormente Johann Bernoulli allá por el año 1700, observaron que al agitar el mercurio se producía luz.

En 1850 Heinrich Geissler, físico alemán, creó el “tubo Geissler”, capaz de emitir luz cuando se hacía pasar una descarga eléctrica a través de dicho tubo relleno con un gas noble.

En 1891 el norteamericano Daniel McFarlan Moore comenzó a realizar experimentos con tubos de descarga eléctrica. En 1904, empleando un tubo Geissler relleno con gas nitrógeno, logró obtener luz amarilla y si el mismo tubo lo llenaba con bióxido de carbono, obtenía entonces una luz rosácea, con un espectro muy similar al de la luz solar. Ese mismo año se instalaron las primeras “lámparas Moore” en unos almacenes situados en la ciudad de Newark, New Jersey, Estados Unidos de Norteamérica.

En realidad, las lámparas de Moore no tuvieron aceptación en aquel momento debido a que eran difíciles de instalar, reparar y darles mantenimiento.

En 1927 Friedirch Meyer, Hans Spanner y Edmund Germer patentaron la lámpara fluorescente, pero hasta 1934 no se comenzaron a desarrollar de forma industrial. Las conocidas lámparas de tubos blancos rectos y encendidos por precalentamiento se mostraron por primera vez al público en la Feria Mundial de New York, en el año 1939.

Hace ya varios años las lámparas fluorescentes por precalentamiento comenzaron a ser sustituidas por otras de tecnologías más avanzadas, aunque existen todavía en el mundo millones de lugares donde aún se utilizan las más primitivas, es decir, con su tecnología original.

Desde su introducción en el mercado a finales de los años 30 del siglo pasado, las lámparas fluorescentes fueron ganando rápidamente el favor del público por la luz uniforme sin deslumbramiento que brindan, la ausencia de sombras duras, su bajo consumo eléctrico y la variedad de colores disponibles.

Entre las lámparas fluorescentes de tecnología más reciente se encuentran las del tipo CFL (Compact Fluorescent Lamp – Lámpara Fluorescente Compacta), conocidas también como lámparas económicas o ahorradoras, con una luz y tamaño similar al de las lámparas incandescentes, pero con las mismas ventajas que brinda un tubo de luz fluorescente de mayor tamaño.

Cómo producen la luz

La luz que producen las lámparas fluorescentes se produce de diferente manera que en las incandescentes. En éstas, la electricidad llega por un hilo de cobre y calienta el filamento, que comienza a brillar. En las fluorescentes compactas, el tubo que contiene argón y vapor de mercurio genera una luz ultravioleta que estimula una capa fluorescente de fósforo dentro del tubo, emitiendo luz. Este proceso de emisión de luz puede completarse en un rango de tiempo de 30 segundos a 3 minutos; en general, tardan más las lámparas con reflectores o globos decorativos exteriores que las que simplemente incorporan un tubo enrollado.

Ahora que conocemos el origen de estas lámparas, hablemos del porqué de su tan rentable funcionalidad y algunos consejos para su correcto funcionamiento y su conservación.

Ventajas

  • La ventaja primordial es el ahorro. Las lámparas de tipo fluorescentes necesitan menos potencia para iluminar el mismo espacio.
  • No malgastan energía en calor, son frías al tacto.
  • Duran muchísimo más que las lámparas incandescentes tradicionales (bombillas).
  • Tienen diferentes tonalidades según el fin al que se destinen.

Las más importantes son:

  • Un consumo de corriente que puede ser hasta tres veces menor que la de una lámpara incandescente.
  • Mejor respuesta de color. Es fácil observar que los colores son más fieles al verdadero.
  • La emisión de luz es de 4 a 6 veces mayor que la de una lámpara incandescente de la misma potencia.
  • Provee una luz más uniforme y menos deslumbrante, porque el área de iluminación es mayor. Calentamiento reducido.
  • La duración promedio de vida es de 7500 horas en condiciones normales.

Consejos para conservar y cuidado

  • A la hora de insertarla en el casquillo, sujeta la lámpara por la parte plástica blanca inferior, sin tocar el tubo de cristal.
  • No enciendas y apagues interruptores constantemente. Las LFC logran los mayores ahorros cuando están encendidas durante 15 minutos o más…
  • Deja que corra el aire a su alrededor. Estas lámparas son muy sensibles a las temperaturas extremas, por lo que rinden mejor en luminarias abiertas.
  • Protege las lámparas fluorescentes compactas de los elementos atmosféricos si están en el exterior. Comprueba que grado de frío pueden soportar en el embalaje cuando las compres.

Esperamos que haya sido útil esta entrada, en donde hemos recorrido un poco de la historia, funcionamiento, utilidad y cuidados principales.
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